Estudio de Oxford cuestiona la existencia de la energía oscura
Un equipo de astrónomos de la Universidad de Oxford sostiene que la supuesta aceleración en la expansión del universo se debe a un error al medir el brillo de las supernovas, no a la energía oscura.
Un grupo de astrónomos de la Universidad de Oxford publicó hacia fines de julio de 2026 un estudio que pone en duda una de las piezas centrales de la cosmología moderna: la energía oscura. Según su análisis, la fuerza que durante décadas se usó para explicar por qué el universo se expande cada vez más rápido podría no existir, y el fenómeno que la originó sería en realidad un error estadístico en la forma en que se mide la distancia de las supernovas.
La expansión del universo se observa porque las galaxias se alejan entre sí a medida que crece el espacio que las separa. Ese proceso, además, se acelera: la velocidad a la que se separan las galaxias cercanas es mayor que la que se registra en regiones más próximas al origen del universo, poco después del Big Bang. Para calcular esas distancias, la comunidad científica recurre a las supernovas de tipo Ia, que tienen un brillo característico y funcionan como referencia para mapear el cosmos.
El equipo de Oxford tomó uno de los catálogos más recientes de supernovas Ia y encontró que las más jóvenes muestran un brillo más tenue de lo esperado. Ese detalle, según los autores, pudo haber llevado a sobreestimar la distancia real de esas supernovas y, con eso, a interpretar como aceleración lo que sería un simple sesgo de medición.
Una pieza que no cierra sola
Según la Teoría de la Relatividad General, la expansión del universo debería frenarse con el tiempo, porque la atracción gravitatoria entre galaxias vecinas actúa como un freno. Para explicar que eso no ocurre, la física introdujo la energía oscura: una presión negativa que contrarrestaría ese freno gravitacional y empujaría la expansión a acelerarse. Su origen sigue sin conocerse, de la misma forma en que tampoco hay pruebas directas de la materia oscura.
Este no es el primer cuestionamiento del mismo grupo de Oxford: en un trabajo anterior ya habían planteado que los cálculos sobre la expansión acelerada arrastraban errores estadísticos, aunque en ese momento no aportaron evidencia sólida. El nuevo estudio busca cerrar esa brecha con datos concretos sobre el catálogo de supernovas, lo que explica que la controversia haya sido más fuerte esta vez.
Las reacciones de la comunidad científica se dividieron. Dominik Schwarz, astrónomo de la Universidad de Bielefeld, dijo a New Scientist que la investigación le resulta interesante porque podría explicar el origen de varias discrepancias que llevaron a plantear la hipótesis de la energía oscura. Joshua Frieman, del Laboratorio Nacional de Aceleradores SLAC, en Estados Unidos, respondió al mismo medio que existen pruebas de la aceleración provenientes de otras fuentes además de las supernovas, como mediciones de la estructura a gran escala del universo y de la radiación cósmica de fondo de microondas. Para Frieman, un análisis basado solo en supernovas no alcanza para descartar el modelo vigente.
Por ahora, ningún bando dio por cerrada la discusión. El estudio de Oxford suma un argumento técnico concreto a una controversia que ya tenía antecedentes, pero la evidencia acumulada a favor de la energía oscura proviene de fuentes independientes que el nuevo trabajo no aborda de forma directa.


