Ánforas de vino revelan el colapso magnético de hace 2.200 años
Cerámica hallada en tres yacimientos de Jerusalén permitió reconstruir con precisión inédita un derrumbe del campo magnético terrestre ocurrido en la época helenística.

Un equipo de arqueólogos e investigadores en geomagnetismo reconstruyó, con una precisión inédita para la época helenística, el momento en que el campo magnético terrestre se derrumbó hace 2.200 años. La clave estuvo en 24 piezas de cerámica halladas en tres yacimientos de Jerusalén (la Ciudad de David, el Barrio Judío y el estacionamiento de Givati), que funcionaron como una suerte de bitácora involuntaria de ese fenómeno.
El estudio combinó a especialistas de Tel Aviv, de Ariel y de la Universidad de California en San Diego. Analizaron 17 asas de ánforas de vino fabricadas en la isla de Rodas y otras siete vasijas producidas localmente en Jerusalén. El resultado: entre el 206 a.C. y el 155 a.C., en apenas medio siglo, la intensidad del campo magnético cayó más de un 30 por ciento.
Un termómetro magnético en la arcilla
La técnica se llama arqueointensidad y aprovecha una propiedad física simple. Cuando la arcilla se cuece a temperaturas altas, los minerales de hierro que contiene se alinean con el campo magnético vigente en ese instante. Al enfriarse, esa orientación queda fijada de manera permanente, salvo que la pieza vuelva a calentarse por encima de un umbral conocido como temperatura de Curie. Reproducir ese calentamiento en laboratorio, bajo condiciones controladas, permite leer la huella magnética que quedó grabada miles de años atrás.
Lo que distingue a este hallazgo de otros registros arqueomagnéticos es la certeza cronológica de las piezas analizadas. Las ánforas de Rodas llevaban estampado el nombre del alfarero y del funcionario que supervisaba la producción cada año, un cargo conocido como epónimo. Esa práctica administrativa, pensada para otros fines hace más de dos mil años, terminó dejando a los arqueólogos actuales una herramienta de datación con un margen de error inferior al año, algo excepcional en este campo.
Un mapa más preciso para la historia
El hallazgo tiene dos consecuencias que van más allá de la curiosidad histórica. La primera es que el debilitamiento del campo magnético fue considerablemente más veloz de lo que sugerían los modelos geofísicos disponibles hasta ahora, lo que obliga a revisar las estimaciones sobre cómo y con qué rapidez varía el escudo magnético del planeta. La segunda es metodológica: confirma que el análisis del magnetismo puede usarse para fechar objetos y estructuras antiguas con una exactitud que el radiocarbono no siempre alcanza, algo que ya se sospechaba pero que ahora queda respaldado con datos del período helenístico.
El trabajo también roza un enigma arqueológico puntual: la ubicación exacta de la fortaleza Acra, una edificación que mandó levantar el monarca seléucida Antíoco IV alrededor del 167 a.C. para sostener el control sobre Jerusalén durante los enfrentamientos con los macabeos. Su emplazamiento preciso sigue sin resolverse del todo, y una cronología magnética más fina podría ayudar a situar mejor los estratos vinculados a esa construcción.
Las ánforas de Rodas circularon durante siglos por todo el Mediterráneo oriental cargadas de vino y aceite, y hoy aparecen en yacimientos de medio mundo antiguo. Que ese comercio cotidiano haya dejado, sin proponérselo, un registro geofísico tan detallado es lo que convierte a esta cerámica en algo más que un objeto de museo: es un instrumento de medición que estuvo esperando dos milenios a que alguien lo supiera leer.