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El bloqueo de EEUU a Fable 5 dispara la desconfianza digital europea

La orden de Washington para suspender el acceso a los modelos Fable 5 y Mythos de Anthropic reavivó en Europa el temor a depender de proveedores de IA estadounidenses.

Por Nahuel Soria · · 3 min de lectura

Washington ordenó a Anthropic suspender el acceso a sus modelos más avanzados, Fable 5 y Mythos, en las semanas previas a mediados de julio de 2026. El servicio volvió a estar disponible poco después, aunque con modificaciones, pero el episodio ya cumplió su función: convirtió en un hecho concreto algo que en Europa se discutía como hipótesis desde hacía años, la posibilidad de que un gobierno extranjero corte de un día para otro el acceso a una herramienta de inteligencia artificial de la que dependen empresas e instituciones del continente.

Andreas Prins, director global de Soluciones Soberanas en SUSE y especialista en soberanía digital, describió en una entrevista con Xataka el cambio de actitud que percibió entre sus clientes tras el corte. Según Prins, hasta ese momento muchas empresas europeas competían por sumar cuanto antes los modelos más nuevos de Google, Anthropic u OpenAI a sus operaciones. Después de la suspensión, esa misma prioridad empezó a ceder terreno frente a otra: contar con sistemas que la empresa pueda operar en sus propios servidores, auditar por dentro y controlar sin depender de la voluntad de un proveedor externo.

El propio Prins matiza el alcance del incidente: como Fable 5 y Mythos eran lanzamientos recientes, ninguna empresa europea llegó a apoyar en ellos procesos de atención al cliente o motores de toma de decisiones. Si el corte hubiera llegado unos meses más tarde, con esos sistemas ya integrados en operaciones cotidianas, el impacto habría sido mucho mayor. Por eso lo describe como una advertencia anticipada más que como una crisis real.

Un contexto de desconfianza creciente

El episodio no ocurre aislado. A comienzos de 2026 la relación entre Washington y las capitales europeas ya venía deteriorándose por las pretensiones de la administración Trump sobre Groenlandia, lo que instaló en Europa la idea de que Estados Unidos podía usar la dependencia tecnológica como herramienta de presión. Prins resume el clima actual entre las empresas que asesora como una desconfianza generalizada hacia los grandes proveedores de nube estadounidenses, acompañada de una voluntad explícita de desarrollar alternativas propias.

Para ilustrar cómo cambió la lectura del riesgo, Prins cita el caso de una empresa neerlandesa que operaba su infraestructura principal en un centro de datos alemán administrado por un hiperescalador y mantenía un segundo centro de respaldo en un punto de los Países Bajos por debajo del nivel del mar. La empresa dudaba si sostener ese respaldo ahí por el riesgo de inundación ante una falla de los diques. El análisis de riesgo concluyó que esa posibilidad pesaba menos que la de que el proveedor estadounidense decidiera cortar el servicio a sus clientes europeos.

Europa ya tiene en marcha respuestas regulatorias, entre ellas el Paquete Europeo de Soberanía Tecnológica y la Cloud and AI Development Act, aunque ambas están en una etapa temprana y enfrentan la dificultad de coordinar a 27 países con intereses distintos. SUSE colaboró con Dinamarca, Francia, Alemania y los Países Bajos en recomendaciones para la Unión Europea, y según Prins el desacuerdo entre gobiernos no pasa por el objetivo final sino por las herramientas que cada uno elige para llegar a él.

Consultado por casos concretos, Prins menciona a Noruega y Finlandia como referentes en soberanía aplicada a defensa, a distintos estados alemanes que están migrando su infraestructura a gran escala, y a España, donde destaca proyectos como Penpot y la reciente alianza entre SUSE y OpenChip. El Reino Unido, en cambio, sigue más alineado con Estados Unidos.

Prins sostiene además que cumplir con los estándares más exigentes de la Cloud Act solo es viable con software de código abierto, porque permite auditar el sistema, bifurcarlo si hace falta y migrarlo a otra plataforma sin depender de un único proveedor, algo que contrasta con el modelo de los hiperescaladores, que atraen clientes con costos iniciales bajos cuyas dependencias de largo plazo suelen quedar subestimadas.

Fuentes

  1. Andreas Prins, experto en soberanía digital: "El sentimiento es uniforme: ya no confiamos en los hiperescaladores de EEUU" (www.xataka.com)

Este artículo fue elaborado por el sistema editorial automatizado de Onda Corta a partir de las fuentes citadas, con supervisión humana del proceso. ¿Encontraste un error? Reportalo.

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