Ato, el dispositivo de IA sin pantalla para mayores cuesta US$179
Nacido para que un abuelo argentino que nunca usó WhatsApp pudiera hablar con una IA, el dispositivo ya se vende en Argentina, Estados Unidos, España y México.

Un dispositivo de inteligencia artificial pensado para personas mayores que nunca se adaptaron al celular ya se vende en Argentina, Estados Unidos, España y México. Se llama Ato, no tiene pantalla, funciona solo con voz y su versión comercial cuesta 179 dólares, más una suscripción mensual de 29 dólares para mantener el acceso a los modelos de IA y a las funciones en la nube. También existe una opción de 399 dólares que incluye el aparato y doce meses de membresía.
El diseño elimina casi toda la interacción típica de un gadget: solo tiene una rueda para el volumen y un botón físico para arrancar una conversación. Una vez conectado a internet funciona de manera independiente, sin necesidad de un teléfono asociado. Antes de entregarlo, la familia completa un formulario con el nombre, los intereses, la personalidad y las necesidades de quien lo va a usar, datos que el sistema usa para personalizar cada charla desde el inicio.
Entre sus funciones están mantener conversaciones, responder preguntas, dar el pronóstico del tiempo, poner música o radio, recordar la toma de medicación y proponer temas cuando detecta que pasó mucho tiempo sin interacción. Los familiares pueden revisar desde una aplicación si el dispositivo se usó recientemente, pero no acceden al contenido de las conversaciones.
De un abuelo en Argentina a un producto comercial
El origen del proyecto es personal. Juan Cereigido, argentino, y su socio Gaspar Habif venían de trabajar en proyectos de mensajería cuando decidieron resolver un problema cercano: su abuelo Roberto Cereigido, al que la familia apodaba "Ato", nunca había usado un smartphone ni aplicaciones como WhatsApp pese a vivir solo durante años. La idea fue construir una interfaz que no requiriera aprender nada, solo hablar.
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Un video de Roberto usando el prototipo se viralizó en redes sociales, mostrándolo mantener conversaciones y responder preguntas por voz. Eso generó un pedido inesperado: otras familias empezaron a escribirles para conseguir un dispositivo similar para sus propios padres o abuelos, lo que llevó a Cereigido y Habif a convertir el experimento personal en un producto.
Para diseñar las conversaciones, el equipo empezó a trabajar con gerontólogos y especialistas, con el objetivo de que el dispositivo no solo respondiera preguntas sino que ayudara a estimular la memoria y reducir el aislamiento. Sus creadores insisten en que Ato no busca reemplazar a familiares ni cuidadores, sino ofrecer compañía cuando no hay nadie disponible para hablar.
Privacidad y expansión
Según explicaron sus responsables, las conversaciones no quedan almacenadas: el procesamiento de voz ocurre en tiempo real y prioriza que las interacciones se mantengan privadas. La compañía evalúa sumar más adelante funciones opcionales ligadas a la memoria familiar o el legado personal, pero aclaró que serían herramientas que cada usuario podría activar o no.
El proyecto recibió un primer respaldo del empresario y comunicador Mario Pergolini y luego fue seleccionado para un programa de aceleración enfocado en tecnología para el envejecimiento en Silicon Valley, lo que llevó a los fundadores a instalarse temporalmente en San Francisco. Antes del lanzamiento comercial, el dispositivo, fabricado inicialmente mediante impresión 3D en tiradas pequeñas, ya sumaba varios cientos de unidades en uso entre Argentina, Estados Unidos, España y México, un período que la compañía usó para ajustar el producto con comentarios reales de las familias.
Quien no paga la suscripción de 29 dólares mensuales igual puede usar Ato: el dispositivo incluye un tiempo gratuito de conversación por mes y, una vez agotado, las charlas se vuelven más breves. Los recordatorios de medicación, la radio y la aplicación familiar siguen funcionando sin costo adicional.


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