En Hangzhou, robots humanoides ya vigilan el tránsito, no lo multan
SUPCON Information despliega robots de casi dos metros que detectan infracciones viales en ocho ciudades chinas, aunque la decisión final sigue en manos humanas.

En Hangzhou, al este de China, quince robots humanoides pasan sus jornadas parados en las esquinas, moviendo los brazos para dirigir el tránsito. No son un experimento de laboratorio: llevan desde mayo de 2026 en la calle, y según la empresa que los fabrica, ya acumularon más de 170.000 advertencias por infracciones de tránsito.
El robot se llama T2 y lo construye SUPCON Information. Mide 1,88 metros, pesa 98 kilogramos y viene equipado con cámaras, radares y capacidad de cómputo propia para identificar infracciones en el momento en que ocurren: motociclistas sin casco, autos detenidos sobre la senda peatonal o peatones que cruzan con el semáforo en rojo. Cao Hui, a cargo del área de sistemas autónomos de la compañía, explicó a Reuters que los brazos del robot tienen siete articulaciones, lo suficiente para reproducir los gestos de un agente humano y coordinarlos con el ciclo de las luces del semáforo. La empresa asegura haber sometido a las unidades a miles de horas de prueba bajo lluvia, calor y tráfico pesado, y afirma que la precisión para reconocer infracciones supera el 95%.
SUPCON sostiene además que, desde que los robots empezaron a operar, los casos mensuales de conducción sin casco y de cruces peatonales indebidos cayeron más de un 40% en las zonas donde están instalados. Son cifras que da la propia empresa y que ningún organismo externo confirmó todavía, aclara Reuters.
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Un robot que avisa, no que sanciona
Lo que distingue a este despliegue de un simple sistema de cámaras es lo que el robot no puede hacer: no aplica multas ni intercepta a nadie por su cuenta. Cuando detecta una infracción, el T2 la registra y la envía a un centro de monitoreo donde personas deciden qué curso de acción sigue. Tampoco funciona como vigilancia continua: opera en turnos de 7:00 a 18:00, según Cao, y se traslada entre puntos fijos de la ciudad tras salir de una base central que coordina los despliegues.
Hangzhou no es un caso aislado ni el primero: la ciudad ya había probado un robot de tránsito anterior, el Hangxing n.° 1, y despliegues similares se documentaron en Shenzhen, Wenzhou y Chengdú. Solo SUPCON tiene alrededor de 50 unidades activas repartidas en ocho ciudades de tres provincias chinas, y proyecta llegar a casi 200 para fines de 2026.
La mira puesta afuera de China
El interés no se limita al mercado interno. AiMOGA, una empresa de robótica respaldada por la automotriz Chery, ve una oportunidad de negocio en exportar robots policiales a regiones con climas extremos, como Medio Oriente o el sudeste asiático durante la temporada de monzones. Su directivo Zhang Guibing reconoció ante Reuters que sacar estos robots del país implica bastante más trabajo que exportar un auto: cada unidad necesita integrarse con la infraestructura policial local, superar controles propios de cada país y ajustarse a sus reglas sobre manejo de datos.
Detrás de estos despliegues hay también una necesidad comercial: los fabricantes chinos de robots humanoides buscan compradores más allá de fábricas y centros de investigación, y el financiamiento estatal para proyectos de tránsito les ofrece justamente eso, un cliente dispuesto a pagar por escala.


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